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VERDADERA SATISFACCIÓN

DABAR DE DIOS

» El que ama el dinero nunca se satisface con lo que tiene, siempre quiere más y más. Eso tampoco tiene sentido. Entre más riqueza se tiene, más gastos hay. Lo único que se gana con tener riquezas es contemplarlas. El trabajador llega a casa y duerme en paz, tenga poco o mucho que comer; pero el rico no puede dormir porque su riqueza le trae muchas preocupaciones.”

Eclesiastés 5:10-12 (PDT)

Hoy más que nunca, vemos a las personas afanadas por tener, tener y tener, y asocian el “ser” con el “tener”, por eso se dice popularmente “cuánto tienes, cuánto vales”, llevando a los bienes materiales a definir la identidad de muchas personas. Entonces comienza una carrera que no tiene fin, pues se enciende la avaricia y una de sus características es que nunca es suficiente, siempre se quiere más. Pero este mal ya estaba desde los inicios, pues es una obra de la carne, consecuencia de la caída del hombre. La avaricia trae ansiedad, estrés y angustia, pues siempre estaremos buscando cómo seguir acumulando, en dónde guardar esos bienes y tenerlos seguros, atentos a que alguien no intente robarlos, en fin, es una ladrona de paz.

Por otro lado, la Palabra nos enseña que debemos aprender a vivir en contentamiento (Filipenses 4: 11-13), si tenemos sustento y abrigo seamos agradecidos y estemos contentos (1ª Timoteo 6:8). Por eso Salomón pudo ver que los trabajadores dormían en paz aún tuvieran poco, en contraste, los ricos no podían dormir bien. Esto pasaba en esos días y en estos también. ¿Cuál es nuestra meta? ¿Tener mucho dinero acumulado y que nuestra vida gire en torno a esto o vivir satisfechos con lo que Dios nos da cada día?

Oración

Señor, gracias por la provisión diaria que me das, tanto espiritual como física y emocionalmente. Mi deseo es mantener mi corazón agradecido con las bendiciones que me regalas constantemente y dejar de centrarme en las posesiones materiales, no quiero que ellas gobiernen mis emociones, ni definan mi identidad, pues Tú eres mi Fundamento y en quien tengo mi identidad. Muéstrame cualquier indicio de avaricia en mi vida, que las finanzas no sean un ídolo, sino que sean una evidencia de que Tú eres el Centro y el fundamento de mi vida entera.  ¡Te lo pido en el nombre de Tu Hijo amado, Jesucristo, ¡amén!

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