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UN CORAZÓN ALTIVO

DABAR DE DIOS

“Antes del quebrantamiento se eleva el corazón del hombre, Y antes de la honra es el abatimiento.”
Proverbios 18:12  (RV60)

Uno de los grandes temas de Proverbios es el corazón, por lo menos encontramos 6 clases de corazones descritos en este libro de sabiduría, mostrando la importancia que tiene el corazón, pues su condición es mostrada a través de las acciones, de la conducta de las personas. Proverbios nos habla de un corazón engañoso (12:20), nos habla de ideas falsas o personas que justifican lo malo que hacen, engañándose a sí mismas para no reconocer su pecado y arrepentirse. También se menciona un corazón abatido (12:25), es decir un corazón preocupado, apesadumbrado. Otro tipo de corazón es el corazón dolorido (14:13), que ha sufrido un profundo dolor emocional. Un corazón descarriado (14:14) es un corazón alejado de Dios. Un corazón airado (19:3), porque sufre las consecuencias de sus malas decisiones y se enoja contra Dios, sin reconocer su falta. Y un corazón altivo, este es un corazón que aborrece el Señor, pues fue lo que caracterizó la rebelión del cielo, un deseo de enaltecerse por encima, aún, de Dios. Así que este tipo de corazón es contrario a la naturaleza humilde del Señor y por ello lo humilla.  Dios tiene de lejos al altivo, pues refleja la naturaleza de Luzbel, y lo humilla, lo quebranta buscando arrepentimiento de parte nuestra para restablecer nuestra intimidad con Él. ¿Qué tipo de corazón nos describe mejor? Rindamos nuestro corazón para que sea limpiado y agradable a Dios.

Oración

Señor, mira mi corazón, mete Tu mano en él y saca todo lo que no proviene de Ti, el engaño, la aflicción, la preocupación, el dolor, el enojo, pero sobre todo la altivez. Padre Amado, no quiero justificar el orgullo ni la altivez en mi vida, por el contrario, te pido que me reveles qué actitudes son señal de esto para reconocerlas, pedirte perdón y rendirme por completo. Señor perdona todo orgullo y altivez en mi ser, no quiero que nada me separe de Ti, quiero ser humilde y manso como Tú, por Tu gracia y Espíritu, ¡amén!

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