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TRANSFORMADOS DE GLORIA EN GLORIA

DABAR DE DIOS

«Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor».

2 Corintios 3:18 (RVR60)

Si examinamos nuestra vida, podremos darnos cuenta cómo Dios ha ido transformándonos y hemos ido creciendo en el conocimiento de Su maravilloso Nombre (Colosenses 3:10). Ciertamente no hemos llegado a la estatura del Varón Perfecto, nos falta todavía muchísimo, sin embargo, tampoco nos encuentro en el mismo punto en el que estábamos cuando iniciamos a caminar de la mano con Jesús. Cada día es una nueva oportunidad para permitir al Espíritu Santo obrar en nuestra vida, trabajando en nuestro carácter para poco a poco reflejar la luz de Cristo al mundo. Es el pasar tiempos en Su Palabra y en Su poderosa presencia, lo que nos ayuda a ver nuestra condición real y querer estar cada vez más cerca de Él. En la medida que nos vayamos pareciendo más a Él, podremos acercarnos más y en la medida que nos acerquemos más, seremos más transformados a Su preciosa imagen.

Tal vez no estamos contentos con nuestro carácter o temperamento y hemos querido cambiar, tal vez hemos buscado ayuda en consejos, libros de auto-ayuda (por cierto, muy en boga hoy día), pero solo hemos logrado cambios temporales. Por qué? Porque estamos buscando en el lugar equivocado, solo Cristo puede hacer la diferencia y un cambio radical a nuestra vida a través del Espíritu Santo que mora en nosotros, quien irá transformando nuestro ser hasta llevarnos a reflejar la gloria del Hijo de Dios. ¡Es en Su presencia que el velo es quitado y que podemos vernos como Dios nos ve, y donde Él pone el anhelo de parecernos cada vez más a Él!

Oración

Señor, gracias por trasladarme de las tinieblas a Tu luz, por iniciar esa obra  transformadora en mi vida a través de Tu Espíritu, por llevarme  de aumento en aumento hasta que un día esa obra sea completada (Proverbios 4:18), y yo esté eternamente Contigo. ¡Te adoro mi Amado Señor! En el Nombre de Jesús, ¡amén!

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