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OCÚPATE HASTA EL FINAL

DABAR DE DIOS

“Mejor es el fin del negocio que su principio…

Eclesiastés 7:8a (RVR60)

Aunque es importante el comienzo, lo que más le importa a Dios es el final de nuestra carrera, si alcanzamos o no la meta.  Dar el primer paso cuesta, pero por lo general cuando estamos cerca del final, de la meta, nos sentimos cansados por las muchas batallas que hemos enfrentado en el proceso y podemos comenzar a ver lo que nos resta más lejos de lo que está. El desánimo y el agotamiento pueden ser nuestros peores enemigos y ser obstáculos para completar nuestra misión. Así que Dios nos recuerda que tengamos nuestros ojos puestos en la meta, pues para Él es muy importante el final, Él quiere darnos coronas de vencedores. Esta es una carrera de resistencia y no de velocidad. Por eso el final es tan importante, define muchas veces dónde pasaremos la eternidad.

Esto queda ilustrado en muchos personajes de la Biblia, por ejemplo Salomón comenzó dándole el primer lugar a Dios en todo, pero luego se fue distanciando cada vez más del camino del Señor hasta llegar a la idolatría. Otro ejemplo nos lo da el rey Ezequías, quien en los inicios de su reinado hizo lo agradable delante de los ojos del Señor, pero enfermó y Dios le informó que había llegado su hora de partida, a lo cual pidió más tiempo en la tierra, luego de esto su corazón se llenó de orgullo y Dios dejó de ocupar el primer lugar en su vida. Por último, tenemos al rey Manasés, del cual se nos dice que fue muy malo, un gran pecador ante Dios, sin embargo, al final de sus días fue confrontado, se arrepintió y comenzó a buscar de Dios y Dios lo perdonó. Ocupémonos cada día de los asuntos de nuestro Padre del Cielo y examinemos nuestros pasos para asegurarnos que si hoy es el último día, pasaremos una eternidad con Él.

Oración

Señor, mi anhelo es pasar todos los días de mi vida cerca de Ti. Espíritu Santo derrama Tu gracia sobre mi vida y no permitas que mis pies se desvíen y termine mi carrera alejado de Ti. Haz lo que tengas que hacer, pero no me dejes terminar mal, quiero terminar caminando con mis ojos puestos en Cristo Jesús, autor y consumador de la fe. Quiero ocuparme cada noche de examinar a la luz de Tu Palabra mi accionar y pensar, para cada día comenzar pegado de Ti y terminar así también, en el Nombre de Jesús, ¡amén!

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