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¡LÍMPIAME SEÑOR…!

DABAR DE DIOS

“¡Quítame toda mi maldad! ¡Quítame todo mi pecado! Sé muy bien que soy pecador, y sé muy bien que he pecado.”

Salmo 51:2-3 (BLS)

El pecado nos ensucia, trae culpa y nos separa de Dios. Por eso David le pide al Señor que lo limpie, pero para acercarse nuevamente a Dios, fue necesario que reconociera su condición pecadora, solo cuando reconocemos que hemos pecado, podremos pedir el perdón y la limpieza divina. Es preciso que el pecado sea quitado para que la barrera que nos separa de Dios sea derrumbada y podamos tener de nuevo comunión con Él. La confesión es la que nos permite liberarnos de las cadenas del pecado, pues Dios no desprecia un corazón contrito y humillado.  Cuando reconocemos que hemos pecado, sin excusarnos o justificarnos, aceptamos delante de nuestro Señor que hemos hecho algo incorrecto y que necesitamos Su ayuda para no volver a caer en la misma situación, entonces Dios extiende Su cetro de misericordia para rescatarnos y salvarnos. Dios está esperando que nos presentemos ante El, con humildad, pidamos Su ayuda y nos comprometamos a vivir en santidad porque Le amamos.

Oración

Bendito Señor, examina mi corazón y muéstrame los pecados, las manchas que hay en mis vestiduras, ayúdame a estar limpio cada día, quiero ser parte de esa novia pura y sin mancha por amor a Ti, en el Nombre de Jesús, ¡amén!

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