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El fuego de Dios

PRÉDICAS

Pastor José Arturo Estévez

Dios nos pasa por el fuego y hay distintos tipos de fuegos y el obrar de Dios en nuestra vida es a través del fuego.

Éxodo 13:21-22 “Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche.  22  Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.”

Dios saca al pueblo de Israel al desierto donde en el día es muy caluroso, las temperaturas alcanzan hasta los cincuenta grados Celsius, pudiendo una persona morirse a causa del calor.

Dios en Su plan necesitaba que toda la generación que tuvo dudas y no creyó que Él los llevaría a la tierra prometida, muriera en el desierto, esto es a partir del momento en que Dios mandó a Josué, Caleb y los otros diez espías a ver la tierra prometida, y al regresar diez dijeron que tomar esa tierra era imposible y solo Josué y Caleb dijeron: “Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra (Números 14:8).

Eso aconteció a los dos años de salir de Egipto, de ahí en adelante vivieron treinta y ocho años más en el desierto hasta que la generación de los incrédulos murió y solo entraron a la tierra prometida: Josué, Caleb, sus familias y los nacidos en el desierto.

Dios nos guarda y cuida en los desiertos en nuestra vida y eso mismo hizo con Israel, les dio maná, agua, ropa que creció con ellos y zapatos que no se envejecieron, pero no solo se encargó de lo material, sino que además les puso una nube para que el sol no los matara,  que tapaba el sol, que se movía con ellos, pero no se conformó con eso, como en el desierto en la noche hace mucho frio, en la noche les dio columna de fuego que los calentaba y guiaba, eso hace Dios con nosotros hoy.

 

EL FUEGO DE DIOS QUE GUIA Y PROTEGE

Dios le dio a los hebreos una columna de nube y otra de fuego para que supieran de día y de noche que Él estaba con ellos en su peregrinar hacia la tierra prometida.

Dios nunca se va de nuestro lado en nuestro pelegrinar en la tierra, Cristo lo dijo: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28:20b)

¿Qué nos ha dado Dios a nosotros para que tengamos la misma seguridad de Su presencia?

La respuesta es la Biblia, algo que los judíos no tenían. Es la Palabra de Dios la que nos asegura Su guía y presencia en nuestro viaje de vida. Ellos tenían la columna de nube y fuego, nosotros tenemos la Palabra de Dios para tener seguridad de Su presencia.

Porque la Palabra de Dios es lámpara a mis pies y lumbrera a mi camino (Salmos 119:105), me conforta, levanta, guía, fortalece, ayuda a que mi fe crezca, además, ¿cómo vamos a conocer a Dios si no leemos Su Palabra?

A la Biblia nos referimos como el Antiguo y Nuevo Testamento, y un testamento nos habla de una herencia. La forma de saber lo que me dio el que me dejó una herencia y como quiere que lo tenga es leyendo el testamento que esa persona dejó, ¿cómo voy a saber lo que Dios tiene para mí en Su testamento si no lo leo? Israel tenía las columna de nube, de humo y de fuego y nosotros la Palabra de Dios.

La columna de nube y de fuego era un ejemplo de Teofanía, aparición de Dios en forma física. De esta forma, Dios alumbró el camino de Israel, además los protegió de sus enemigos, les dio seguridad, controló sus movimientos y simbolizó el celo que ellos debían tener por Su Dios.

La palabra de Dios me da seguridad y controla mis movimientos, porque la Palabra nos frena en nuestros apetitos y deseos, por tanto hay quienes prefieren no saber para alegar ignorancia, pero eso es desobediencia, porque Él nos ha mandado a leer y a escudriñar la Palabra.

 

EL FUEGO QUE ENCIENDE EL ALTAR

Había un fuego que encendía el altar, porque el fuego está ligado al Tabernáculo.

Levíticos 9:24 “Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros.”

Dios mandó a construir el Tabernáculo, todo en su lugar, pero cuando se construyó el Altar del Sacrificio, el fuego en este altar tenía que ser encendido y el día que se encendió el fuego que inició los sacrificio en el Altar del Sacrificio, cuando se terminó de construir el Tabernáculo, ese fuego vino del cielo, no fueron ni Moisés ni Aarón que lo encendieron, el fuego que iba a consumir el holocausto lo puso Dios, el fuego que consume lo que le queremos dar a Dios no lo ponemos nosotros, lo pone Él.

La persona que encendió el Altar del Sacrificio y consumió el holocausto fue el mismo Dios, dejando con esto bien claro que el altar al cual vamos a adorarlo, debe ser encendido con el fuego que Él mismo pone.

Por eso no puedo adorar ni cantar donde yo quiera, tiene que ser el Espíritu Santo que con Su dirección nos diga como lo vamos a hacer. En Dios el fin no justifica los medios, en el mundo sí, pero en Dios no, en el mundo contar de conseguir lo que quiero hago lo que sea, pero con Dios no. Un ejemplo es David intentando trasladar el arca abandonada por sesenta años, veinte años desde que los filisteos la devolvieron y cuarenta años del reinado de Saúl.

David sube al trono y su primera disposición fue traigamos el arca, pero él no consultó a Dios, sino que habló con los capitanes amigos de él, que eran de su generación, que no sabían cómo trasladar el arca y la última noción que tenían de trasladar el arca fue de cuando los filisteos la devolvieron, que se hizo en un carro nuevo movido por vacas.

Trasladaron el arca con danza y música, era fiesta pero Dios estaba enojado, la intención de David era buena, pero Dios no estaba de acuerdo porque en Su palabra Él dijo que el arca se trasladaba en los hombros de los sacerdotes, por eso en el pulpito no se puede  hace lo que uno quiere.

Mover el arca de forma indebida trajo juicio y la muerte de un hombre, entonces David le consultó a Dios cómo hacerlo, Dios le dijo como se mueve Su presencia, entonces al hacerlo por segunda vez, lo hizo como era y Dios se agradó. Mi fuego debe estar encendido con el fuego que el Padre pone.

 

EL FUEGO QUE ENCIENDE EL ALTAR Y QUE DEBE SER CONTINUO

Levíticos 6:12-13 “Y el fuego encendido sobre el altar no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana,  y acomodará el holocausto sobre él,  y quemará sobre él las grosuras de los sacrificios de paz. 13 El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará.”

Dios encendió el altar, pero los sacerdotes tenían que ocuparse de mantenerlo encendido. Dios es soberano y el hombre responsable, Dios lo encendió como Él quiso pero era responsabilidad de los sacerdotes mantenerlo encendido. Dios encendió el altar en cada uno de nosotros pero es nuestra responsabilidad que ese altar no se apague.

El pueblo conoció dos tipos de altares, uno que alguien levantaba cuando tenía una experiencia con Dios y levantaba un altar por agradecimiento, pero no se detenía en ese lugar, seguía su camino y el altar quedaba abandonado. El oro altar era uno donde se podía ir de continuo a adorar a Dios, porque era un altar fijo, porque un altar es el lugar donde tengo encuentros significativos con Dios.

¿Qué tipo de altar tengo?, ¿Uno que levanto cuando algo me pasa o tengo uno fijo donde tengo encuentros significativos con Dios? Tenemos que poner leña en el altar cada mañana y eso se hace teniendo vida devocional, sino el altar se apaga.

El fuego santo del altar debía mantenerse ardiendo porque Dios fue quien lo inició. Esto representaba la presencia eterna de Dios en el sistema sacrificial. Mostraba al pueblo que solo a través del favor de Dios podían ser aceptables sus sacrificios.

El fuego de Dios está presente hoy en la vida de cada creyente. El enciende el fuego de nuestro altar cuando el Espíritu Santo entra a vivir en nosotros y lo cuida para que podamos crecer en gracia para con Él. Esto nos ayuda a recibir perdón y restauración.

 

DIOS NO ACEPTA OTRO FUEGO

Levíticos 10:1-2  “Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó.  2  Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó,  y murieron delante de Jehová.”

La Biblia no explica porque Dios se enojó, pero por lo que la misma Biblia dice, para que Dios lo matara ellos violaron algo de lo que Dios había establecido, no sabemos lo que pudo haber pasado.

El Altar del Incienso se encendió con brazas que fueron llevadas del Altar del Sacrificio. Este Altar nos habla de alabanza, adoración, oración e intersección y eso significa que para tener una vida con todo eso, debo de encender el fuego con brazas que vienen del sacrificio de Cristo,

La naturaleza de la ofensa que Nadab y Abiú cometieron no está clara:

1-Pudo ser que trajeron carbones encendidos de otro lugar que no fue el Altar del Sacrificio.

2-Ofrecieron un sacrificio en un momento no prescrito.

3-Quizás ofrecieron un incienso que no estaba preparado según las instrucciones que Dios había dado.

4- O tal vez decidieron preparar una ofrenda especial fuera de lo que Dios estableció en el capítulo nueve de Levíticos.

¿Qué sucede cuando quiero encender el altar con mi propio fuego? Llevar a cabo los sacrificios como Dios quería era un acto de obediencia. Hacer las cosas como Dios las quiere habla de respeto hacia Él. Cuando vivimos a nuestra manera estamos usando fuego extraño.

 

LA RELACIÓN ENTRE LOS DOS ALTARES

En el Tabernáculo Dios quiso poner dos altares: El del Sacrificio y el Altar del Incienso. Hay una conexión y una relación entre estos dos altares que está basado en el sacrificio de Cristo en la cruz, Su obra redentora y la vida que desarrollamos hoy.

Levíticos 16:12  “Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido,  y lo llevará detrás del velo.

Eso lo tenía que hacer el sacerdote.

El Altar del Incienso debía permanecer encendido con las brasas que eran llevadas desde el Altar del Sacrificio. Esto quiere decir que el mismo fuego que consumió el sacrificio de Cristo en la cruz, es el que se necesita para tener una vida de alabanza, adoración, oración e intersección.

El sacrificio de Cristo evidenció lo que Dios mostró en el Tabernáculo. El Tabernáculo muestra lo que es nuestra vida en el Señor, tenía tres compartimientos: el Atrio, solo entraban los judíos pero no los gentiles los mataban, el Lugar Santo donde solo entraban los sacerdotes y el Lugar Santísimo donde solo entraba el Sumo Sacerdote.

Para un gentil entrar al atrio tenía que hacerse judío y circuncidarse. Nosotros éramos gentiles, imagina que quieres llegar al arca pero para llegar al arca hay un solo camino y una sola puerta llamada el camino. Cristo dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10:9).

El Espíritu Santo me ilumina y me hace ver que para entrar tengo que pasar por esa puerta que es Cristo, entro y me encuentro con el Altar del Sacrificio, para llegar a Dios lo primero es aceptar a Cristo como Señor y Salvador de mi vida.

Luego tengo que bautizarme y después del Altar del Sacrificio seguía la fuente de lavacro, figura del bautismo, a continuación seguía la puerta llamada la verdad, que me lleva al candelero, figura del Espíritu Santo, me meto bajo la luz del Espíritu Santo que me guía para que podamos ir a la mesa de los panes de la proposición que representa la Palabra de Dios, la cual sin la dirección del Espíritu Santo no puedo entender.

Después se pasa al Altar del Incienso. Por el Espíritu Santo que me guía y por la Palabra yo puedo tener vida de alabanza, adoración, oración e intersección y la otra puerta es la vida y detrás está el Lugar Santísimo. Para poder llegar a la presencia de Dios tengo que conocer a Cristo, bautizarme, conocer la Pablara a la luz del Espíritu Santo, tener una vida de alabanza, adoración, oración e intersección, entonces estoy listo para conocer la vida que Dios da.

El Altar del Incienso no tendría sentido sin el altar del Sacrificio.

Hay una estrecha relación entre el fuego del Altar del Sacrificio y el incienso del Altar del Lugar Santo. El fuego vino de Dios, el incienso debía prepararlo el hombre, pero bajo la dirección de Dios.

Éxodo 30:34-35  “Dijo además Jehová a Moisés: Toma especias aromáticas, estacte y uña aromática y gálbano aromático e incienso puro; de todo en igual peso, 35 y harás de ello el incienso, un perfume según el arte del perfumador, bien mezclado, puro y santo.”

El incienso tenía que ser preparado como Dios quería, tengo que orar como Dios quiere, interceder con Dios quiere, alabar y adorar como Dios quiere para que mi altar arda y sea un perfume agradable delante de la presencia de Dios.

Éxodo 30:36  “Y molerás parte de él en polvo fino, y lo pondrás delante del testimonio en el Tabernáculo de reunión, donde yo me mostraré a ti. Os será cosa santísima. 37  Como este incienso que harás, no os haréis otro según su composición; te será cosa sagrada para Jehová.”

De nuevo les repito, borra decirle a alguien que amas que lo adoras, porque la adoración le perteneces solo a Dios

 

LA RELACIÓN ENTRE EL INCIENSO Y EL FUEGO

La estacte era una clase de resina aromática de ciertas plantas parecidas a las que produce la mirra.

La uña aromática es la concha de ciertos moluscos que se pulverizaba y se añadía al incienso para aumentar el aroma de los otros ingredientes.

El Gálbano era una resina aromática que se obtenía del tallo de una planta de la familia de la zanahoria de Persia.

El incienso era una especie aromática que se obtenía de la resina de varias clases de arbustos de la familia de las burseráceas que crecen al sur de Arabia. Si queremos ofrecerle a Dios un incienso con uña aromática tenemos que meternos porque en la superficie no la vamos a encontrar.

¿Por qué Dios hizo esto?, ¿No era más fácil un árbol cualquiera? creo que David entendió el corazón de Dios cuando quiso compara una era, se la ofrecieron y él dijo no voy a darle nada a Dios que no me cueste. Dios quiso que fuera así para que costara, nos cuesta la alabanza y la adoración, levantarse de madrugada cuesta.

Esto quiere decir que el fuego de Dios llevado desde el altar donde Cristo muere es el que enciende nuestra vida de oración, intersección, alabanza y adoración. El fuego lo pone Dios, el incienso nosotros, pero solo el que Él quiere, ese es el que produce olor fragante para Él.

Éxodo 27:20 “Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder continuamente las lámparas.”

El candelero en el Tabernáculo es figura de la luz del Espíritu Santo. Esa luz la usó Dios y era total responsabilidad de los sacerdotes el mantener las lámparas encendidas usando aceite proveniente de la oliva machacada.

El fuego lo pone Dios, que se mantenga encendido depende de que tú y yo machaquemos la oliva, eso es la voluntad, entonces la lámpara se queda sin aceite. El sacerdote cada día limpiaba las mechas pero llegado un momento había que cortarla. Dios para que tu lámpara se mantenga encendida con Su fuego necesita que pongas el aceite de tu voluntad machacada, pero también necesitamos que el Espíritu Santo nos limpie.