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“Dios, mi fuente de esperanza”

PRÉDICAS

Romanos 4:18 “El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia.”

Esperanza: El significado de la palabra esperanza (en griego élpo), es esperar con anhelo, por lo general con placer; expectación ya sea abstracta o concretamente, con confianza: Esperanza, esperar.

Hoy como nunca estamos necesitados de esperanza. Lo que más necesita el mundo hoy es esperanza. La gente anda detrás de alguien que les dé esperanza, buscan líderes que les den esperanza y Dios es experto en dar esperanza.

Significa que tenemos que tener una esperanza que nos haga esperar con anhelo. Cuando anhelamos algo, decimos que estamos necesitados, esperanzados, buscando, esperando. 

Hay gente que dice que tiene esperanza, pero lo hace peleando, exigiendo, reclamando, pataleando. Hay gente que dice que tiene esperanza, pero dice: “Dame rápido. Lo necesito ya, y pobre de Ti si no me lo das, me voy, me pierdes”, porque reclamamos. El que tiene esperanza espera con placer. Es una esperanza confiada, tranquila, en paz. Aunque suene difícil, con gozo. Nos cuesta esperar con gozo, sobre todo si la cosa se dilata, cuesta. 

El que tiene esperanza tiene un sentido de expectación que puede ser por algo abstracto que no sabemos todavía. Tenemos la esperanza que Dios tiene bendiciones para nosotros, pero no sabemos cuál bendición.

Cuando digo que tengo esperanza en la bendición de Dios, tengo que saber qué es lo que busco, qué es lo que espero, que es lo que estoy esperando; o puede ser una esperanza concreta. Tengo esperanza de que Dios me va a dar tal cosa, concreta, específica, real.

La palabra Esperanza describe la feliz espera del bien, lo cual es su significado más frecuente y lo vemos en este versículo:

Tito 1:2 “En la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos”

Debemos esperar contentos esa esperanza de vida eterna. Disfrutarla desde ya, creerla, confesarla y sentirnos dichosos, afortunados, bendecidos, por tenerla desde ya.

La base sobre la cual descansa la esperanza: Cristo en vosotros, la esperanza de gloria:

Colosenses 1:27 “A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”

Cristo es nuestra esperanza de Gloria y esa es la base sobre la que descansa nuestra esperanza; no en cualquier cosa, no en cualquier promesa de un hombre que falla, sino en la promesa de un Dios que pone y dice que nuestra esperanza está en la Gloria de Cristo. 

El objeto sobre el cual se fija la esperanza: 

1 Timoteo 1:1 “Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza”

¿Sobre qué o quién estamos basando nuestra esperanza? ¿En un sueldo, en un nombramiento, en un gobierno, en un amigo, en un esposo, una esposa, en tus hijos? Porque la Palabra de Dios dice que tenemos que basar la esperanza en Cristo y nuestra esperanza se va a hacer realidad en Cristo Jesús.

La esperanza tiene que ver con lo visible y lo futuro. Tiene que ver con lo que estamos viendo hoy, lo que estamos viviendo hoy, pero también tiene que ver con mi futuro. ¿Qué pasará mañana, qué me dará Dios mañana, dónde me llevará Dios mañana, qué hará Dios conmigo mañana, y pasado y en el 2021? El año 2021 para muchos es sombrío, pero si Dios está con nosotros, no podemos decir que el próximo año va a ser sombrío. Puede ser de prueba, pero no sombrío. Pudiéramos ser probados, pero nunca sombrío estando con Dios, imposible. 

Un futuro sombrío es un futuro incierto y si digo que será sombrío estoy diciendo que no creo en el Señor, que no estoy confiando en el Él. Pudiera ser un año de prueba, pero una cosa es la prueba y otra cosa es que yo sienta que mi vida, mi caminar, mi futuro, es sombrío. Son dos cosas diferentes, porque en medio de la prueba es donde Dios más patente se hace, más real se hace.  Sea lo que sea que venga, si estoy con Cristo estoy seguro y debo estar en paz. 

La esperanza nos capacita para alcanzar otro nivel de fe. Dios usa la esperanza para elevarnos en nuestra relación con Él. Dios usa la esperanza para que crezcamos en fe. 

La esperanza nos capacita para alcanzar otro nivel de fe

Romanos 4:18 “El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia .”

Esperanza contra esperanza significa que aparece uno que te dice: “¿Y tú crees que eso va a ser así? Tú estás soñando, pon tu esperanza en otra cosa. ¿Y tú estás creyendo en eso?” Quieren ponerte una esperanza que no es, la humana, contra la esperanza de Dios que es la verdadera.

Abraham decidió no poner su confianza en la esperanza del hombre, porque en la esperanza del hombre, imposible; pero con la esperanza puesta en Dios lo hizo. Dios proveyó esa esperanza para Abraham, y Abraham le creyó, y por eso le fue contado por justicia. 

Esperanza contra esperanza quiere decir estar contrario a cualquier expectativa humana ordinaria. Esperanza significa cuando Dios te dice que pongas tus ojos, tu fe, y tu esperanza en lo que es imposible. Ahí estamos yendo esperanza contra esperanza. 

Un ejemplo, te dieron un diagnóstico de tres meses de vida, pero Dios te dice: Yo te sano. Ahí está esperanza contra esperanza.

Quizás el Señor hoy o mañana puede poner en nuestra vida una esperanza que va contra lo que la sabiduría y la lógica humana dicen que se puede hacer. Y Dios te dice: Yo lo voy a hacer con Mi poder. Entonces ya sería cuestión de que lo creamos o no.

En esperanza significa aguardar a que Dios cumpla Sus promesas. Dios está esperando que le creamos y esperemos a que Él a Su tiempo cumpla las promesas que tiene para nosotros. 

La esperanza de Abraham se basó en cuatro pasos:

1.- Estuvo delante de Dios. Si queremos tener esperanza, pongámonos delante de Dios, busquemos la presencia de Dios, vamos a decirle al Señor. La protección nuestra es Dios.

2.- Le creyó a Dios. Si queremos ver la esperanza de Dios hecha verdad en nuestra vida creamosle a Dios,  Aunque parezca la locura más grande, creamosle a Dios, que Él lo va a hacer.

3.- Que le da vida a los muertos. Abraham se miró y vio que biológicamente, para dar hijos, él y Sara estaban muertos, pero Abraham le creyó a Dios. Dios dijo: Vas a dar vida y Abraham creyó que iba a dar vida. Tenemos que poner en práctica nuestra fe para poder dar testimonio de que creímos en fe, lo vimos en esperanza.

4.-  Llama las cosas que no son, como si fuesen. Esto es esperanza. Dios permitió que Abraham y Sara tuvieran a Isaac. Las cosas que hay en nuestra vida que no son, y que le llamamos como si fuesen, eso es esperanza.

La esperanza es ancla segura del alma

Hebreos 6:18-19 “Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo”

La esperanza en Dios para nosotros nos lleva a que esa esperanza se convierta en un ancla de nuestra alma. Dice ancla del alma y no del espíritu, porque en el alma están los sentimientos, en el alma es que se anida la duda, la incredulidad. Es en el alma donde ponemos vacilación en lo que tenemos que hacer. Ahí es donde comenzamos a decir: ¿Será? No es posible. Ahí es que viene el análisis.  

Nuestro espíritu no analiza ni cuestiona, porque está unido al Espíritu Santo. Nuestro espíritu está en reposo, el problema es nuestra alma. Es al alma que tenemos que decirle: Bendice alma mía a Jehová y no olvides ninguno de Sus beneficios. Es el alma la que olvida que si Dios me bendijo en el pasado, me bendecirá hoy y me va a bendecir mañana; que si me sacó en el pasado, me sacará hoy y me sacará en el mañana; sí estuvo conmigo en el pasado, está hoy y estará en el mañana. Es a nuestra alma que tenemos que decírselo, porque nuestro espíritu está conectado con el Espíritu Santo. 

Un ancla es tan segura como lo es aquello a lo cual está atada.  Un ancla normalmente está atada a un barco y cuando lanzan el ancla el barco se queda quieto, firme, seguro, porque el barco está anclado; así como el ancla está segura, así también está seguro a lo que ella está atada.

Nuestra esperanza la vemos como segura, inconmovible, cuando está clara en Dios. La base es seguridad y confianza.

Ahí está la diferencia entre la gente que dice que tiene confianza, pero no duerme esperando; los que dicen que tienen esperanza, pero se inquietan, se deprimen, se desesperan.  Cuando nuestra esperanza está clara en Dios, nuestra vida está firme y puede venir viento, el oleaje y podemos movernos, pero no desplazarnos porque estamos firmes, anclados, y la base de esa ancla es la seguridad y confianza que Dios nos da, de que si nuestra vida está anclada en Él, no nos moverá nada que pueda pasar, no nos moverá nada que nos haga falta, no nos moverá ninguna situación que podamos estar viviendo, porque estamos anclados en el Señor.

Así como un ancla no permite que un barco se vaya a la deriva, no dejando que se lo lleve la corriente, dándole estabilidad, asimismo la esperanza en las promesas de Jesús, nos  mantienen como creyentes firmes en la fe, sabiendo en Quién hemos creído.

¿Cuánta gente hay que la corriente se la está llevando? Pongamos nuestra fe y nuestra esperanza, nuestra ancla, en Jesús y no en todo lo que veamos, en corrientes de este siglo.

Nuestra esperanza está en que por dos cosas que son inmutables en Dios: Su Naturaleza y Sus Promesas, no nos moveremos, porque así como el barco está por medio del ancla fijo al fondo del mar,  así la esperanza en Dios nos mantiene firmes en el vaivén de la vida.

La naturaleza de Dios no cambia, tampoco Sus promesas. Cuando Dios dijo es, es. En Él no hay sombra de variación. No importa cómo vaya la cosa, en Él hay paz, y esa es nuestra esperanza.

La esperanza es un tesoro en vasos de barro

2 Corintios 4:7-9 “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro,  para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados;  en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos”

Tener esperanza es exactamente eso, que la circunstancia de mi vida hoy, no me hace vacilar en mi fe, no me hace dudar de quién me llamó, de quién está conmigo, que la prueba del tiempo presente lo que hace es subirme de nivel. 

Pablo aquí nos recuerda que aunque estemos al final de nuestra capacidad de resistencia,  nunca estaremos al final de la esperanza. Porque si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?

Nuestros cuerpos que son perecederos están sujetos al pecado y al sufrimiento, pero Dios nunca nos abandona. Esa es nuestra esperanza.

Por eso aunque sintamos que estamos a punto de tirar la toalla: No, todavía falta más. Nos salva la campana. Aunque quizás haya gente a nuestro lado que nos esté diciendo: Ya suelta eso, para, déjalo, ya basta, no vas a poder, no es para ti, pero oyes la vocecita dentro de ti del Señor que te dice: Yo te lo prometí, escúchame a Mí. 

Somos llamados a dar testimonio de la esperanza 

1 Pedro 3:15 “Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” 

Eso es que puede haber alguien que venga y te diga: ¿Y tú vas a seguir creyendo a pesar de todo lo que te ha estado pasando? Es como le dijo la esposa de Job: Maldice a Dios y muere. Quizás a alguien le están diciendo: ¿Hasta cuándo vas a esperar, hasta cuándo vas a estar creyendo, confiando, confesando? ¿Hasta cuándo? Hay gente a nuestro lado que va a pedir cuenta de la razón de la esperanza que decimos que tenemos. Hay gente que va a cuestionar lo que nosotros creemos. Hay gente que va a cuestionar lo que esperamos.  Hay gente que va a cuestionar nuestra esperanza y tenemos que estar listos para defender nuestra esperanza y dar testimonio de en quién hemos creído, y de qué fiel es el que prometió.  

Debemos estar preparados para decirle a otros de la esperanza que tenemos en Cristo. Hay mucha gente a nuestro alrededor que necesita saber lo que Cristo ha hecho, está haciendo y lo que hará en nuestra vida.

No nos quedemos callados, hablemos. Si escuchamos a alguien decir o cuestionar el poder de Dios demos nuestro testimonio de que Dios tiene poder. Preferimos quizás no discutir, y a veces decimos: No le voy a echar perlas a los puercos, eso es gastar saliva, contarle a este incrédulo/incrédula, ateo o atea, contarle lo que Dios ha hecho, ¿para qué? No lo va a creer.  

Puede que Dios esté allá arriba mirándonos y diciéndonos: Cuéntale para que lo crea.  Cuéntaselo para que tenga esperanza como tú la tienes, pues no sabemos si en un momento dado, esa Palabra que nosotros le demos a alguien, va a dar fruto; porque a veces el que nosotros creemos que es tierra más árida, es la tierra que está más pronta a recibir la semilla.  Sólo demos la Palabra. Vamos a ser testigos, vamos a ser testimonio de lo que Dios ha hecho, no nos callemos. 

Hay gente que dice: A mí no me gusta hablar mucho, yo no conozco mucho, no tengo tantos versículos ¿y si me cuestionan?, prefiero no hablar; pero podemos hablar de lo que nos hemos ganado el derecho de hablar, sin miedo. Cuando hablamos de lo que nos hemos ganado el derecho de hablar, nadie nos va a rebatir. Cualquier persona aunque tenga doctorado, honores, títulos, no nos puede quitar lo que Dios ha hecho con nosotros, no nos lo puede rebatir, no nos lo puede discutir, porque el que lo vivió fuimos nosotros, porque tendrían que haberse metido dentro de nosotros para ver lo que sentimos, lo que vivimos, entonces tenemos capacidad para poder hablar. Seamos testigos. 

La esperanza nos hace crecer en nuestra salvación

Romanos 8:24 “Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?”

La esperanza que se ve, no es esperanza, porque lo que uno ve, para que esperarlo si ya lo está viendo. La esperanza requiere de fe, por eso la pregunta de Pablo no está de más: Si tenemos esperanza en algo es porque todavía no lo vemos, porque si ya lo vemos o lo tenemos ¿A qué esperarlo?

Es algo parecido al nacimiento de un hijo: sabemos que viene, sabemos el sexo que tiene,  pero no sabemos a quién se parecerá, cómo será físicamente, si será alto o bajo, lo único que podemos hacer es soñar y pensar en lo hermoso que será.

Así es la esperanza de nuestra salvación, ya se gestó, está creciendo, está próxima a darse a luz, pero no sabemos cómo será, qué cuerpo tendrá, sabemos que nos pareceremos a Él,  porque un día seremos como Él es, no dioses, pero si inmortales, con cuerpos glorificados,  celestiales como Él lo es.  

La esperanza de salvación nos hace saber que somos salvos en:

1.- Nuestro pasado: Porque fuimos salvos desde el momento que creímos. Nuestra nueva vida comenzó ahí. 

2.- En el presente: Porque nos estamos salvando, vamos cada uno en un proceso de santificación, pero hay beneficios de nuestra salvación que todavía no nos toca experimentar. No habrá dolor, no habrá llanto, no habrá enfermedad ni muerte. Tenemos beneficios que nos esperan que todavía no los podemos tener. 

3.- En el futuro: Porque hay beneficios que nos serán dados cuando el Reino de Dios se establezca para siempre. 

¡¡Estamos seguros de nuestra salvación porque tenemos esperanza!! 

¡Quiero tener esperanza esta mañana! ¡Queremos tener esperanza! No sé cómo estás viviendo hoy, pero Dios sí sabe. Quizás estamos viendo los días ser tan iguales unos y otros, tan iguales, y hemos perdido la esperanza, pero Dios está aquí con nosotros para decirnos ten fe.

Dios es mi fuente de esperanza porque:

1.- Puedo creer en esperanza contra esperanza.

Lo que el mundo nos pueda decir, lo que la gente nos pueda decir es una cosa, pero lo que Dios nos diga es la verdad, es la realidad, es lo que es para nosotros de verdad y por lo que nosotros debemos vivir aunque parezca locura, absurdo, increíble, imposible.

2.- La esperanza nos capacita para alcanzar otro nivel de fe.

Dios no nos va a dejar pequeños, nos va a hacer crecer y Él lo va a hacer probándonos. Él lo va a hacer llevándonos de gloria en gloria y cada gloria será una experiencia donde saldremos fortalecidos, maduros. 

3.- La esperanza es ancla segura del alma.

Para decirle a mi alma reposa, tan sólo cree y no te desesperes. Hablemos al alma y vamos a recordarle todos los beneficios que Él nos ha dado. Dile al alma: Él es el que te corona de favores, el que sacia de bien tu boca, tu vida. Debemos hablarle al alma de que hay un ancla que no va a permitir que ella se desespere, que no va a permitir que perdamos el control.  Dios es nuestra fuente de esperanza.

4.- La esperanza es un tesoro en vasos de barro.

Nuestra esperanza en Gloria es Cristo Jesús. Si yo digo que tengo a Cristo en mi corazón, en mi vaso de barro, significa que yo tengo esperanza, porque Él es la esperanza de Gloria.

 5.- Somos llamados a dar testimonio de la esperanza.

Dios es mi fuente de esperanza y Él quiere que seamos testigos para el mundo, que hablemos al mundo de que Él es la esperanza de este mundo y la nuestra.

6.- La esperanza nos hace crecer en nuestra salvación.

Sal de este lugar con esperanza, creyéndole a Dios. No mires las circunstancias, no mires que hoy amaneció nublado, mira que hay lluvia y la lluvia moja la tierra. La lluvia es necesaria para que haya frutos. No mires lo negro del cielo, recuerda que encima de las nubes el cielo es azul. Recuerda que aquí abajo puede estar negro, pero encima de las nubes el cielo está claro, el sol está ahí.  

Sal de este lugar con esperanza, esperanza de vida, esperanza de salvación, esperanza de un Dios que aunque no lo sientas está actuando; que  aunque aparentemente no te habla, Él calla de amor, está trabajando, está concentrado trabajando para ti. Señor necesitamos Tu esperanza.  Renueva nuestra esperanza, en el nombre de Jesús. 

Pastor José Arturo Estévez