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DIETA PARA EL CORAZÓN

DABAR DE DIOS

“…Porque de la abundancia del corazón habla la boca.”

Mateo 12:34 (RV60)

Así como nuestro cuerpo se enferma y el médico nos examina para poder determinar qué tenemos y cómo curarnos; nuestra alma también se enferma. La Biblia nos enseña que para identificar algunas de las enfermedades de nuestra alma, necesitamos estar atentos a  nuestras palabras. Estar atentos a los temas que más hablamos, así como las palabras que utilizamos, nos ayudará a conocer lo que hay en nuestro corazón, al igual que lo hace una radiografía o un examen diagnóstico. Ellas pueden mostrar si somos egoístas, orgullosos, mentirosos, chismosos, quejumbrosos, si sufrimos amargura, odio, enojo, falta de perdón, etc. Puede ser que en un momento nuestras palabras muestren algunos de estos rasgos, sin embargo, debemos estar alertas si la mayor parte del tiempo hablamos así; porque entonces necesitamos sanidad en algún área. El deseo de Dios es que disfrutemos de sanidad interior y así nuestro hablar pueda reflejar el amor de Dios hacia los demás, esto va a depender de cómo estamos nutriendo nuestro corazón, nuestro ser interior, ¿con qué lo alimentamos? Es necesario porciones diarias de la Palabra de Dios, tiempos continuos de exposición a la poderosa presencia de nuestro Padre Creador, comunión con los hermanos en Cristo y un corazón dispuesto a dejarse moldear, limpiar y trabajar por Dios y Sus instrumentos. ¿Queremos saber de qué está lleno nuestro corazón? Escuchémonos hablar, analicemos sobre qué hablamos más, qué es lo primero que decimos al levantarnos, cuál es nuestro primer pensamiento en la mañana o para quién; entonces sabremos qué abunda en nuestro corazón.

Oración

Señor, quiero que seas el centro de mi vida, que llenes por completo mi corazón. Examíname Señor y muéstrame si hay algún área donde no te he permitido entrar y gobernar, no quiero tener ningún espacio que no sea llenado por Ti, en la medida que me llenas, puedo amar a los demás y ser de bendición para ellos. Que mis palabras muestren un corazón sano, en el Nombre de Jesús, ¡amén!