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¿DE DÓNDE PROVIENE NUESTRO CONSEJO?

DABAR DE DIOS

“Qué alegría para los que no siguen el consejo de malos, ni andan con pecadores, ni se juntan con burlones; sino que se deleitan en la ley del SEÑOR meditando en ella día y noche. Son como árboles plantados a la orilla de un río, que siempre dan fruto en su tiempo. Sus hojas nunca se marchitan, y prosperan en todo lo que hacen.”

Salmo 1:1-3 (NTV)

En este Salmo se nos describen tres aspectos del mundo que debemos evitar: aceptar sus consejos, participar de sus costumbres y adoptar su actitud de burla hacia Dios. En contraposición se nos presenta lo que realmente nos llenará de gozo y dicha: meditar en la Ley de Dios y deleitarnos en ella. La Palabra es lámpara que alumbrará el camino para que no tropecemos con el pecado y podamos ver las artimañas del maligno. Ella alimenta nuestro espíritu, lo fortalece y ministra nuestra alma cada día con Sus promesas, con Sus enseñanzas de vida. El leer, meditar y deleitarnos en Su Palabra, nos diferencia de los no creyentes. No dejemos que esa diferencia sea solo una afirmación en la Biblia, sino procuremos que sea una realidad en nuestras vidas. Es necesario cada día alimentar nuestra alma y nuestro espíritu con ella, de lo contrario, la estaremos alimentando con la comida que el mundo nos ofrece. Solo podremos vencer al mundo utilizando las armas de Dios y para conocerlas y usarlas bien es necesario escudriñar Su Manual, buscar Su rostro cada día en oración y la unción de Su Espíritu.

Oración

Amado Señor, te confieso,  que en ocasiones he buscado consejo fuera de Ti, que no he escudriñado en Tu Palabra; ni he buscado Tu rostro, y eso me ha llevado muchas veces a caer en las trampas de mis enemigos.  Quiero comprometerme a partir de hoy  a buscarte cada día en oración y ser como los árboles plantados a orillas de un rio, dar el fruto en su tiempo, y reverdecer con los años, para Gloria y Honra de Tu nombre, ¡Amén!

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