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CORAZÓN SENSIBLE

DABAR DE DIOS

“Mas Faraón endureció aun esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo.»

Éxodo 8:32  (RVR)

En los capítulos 7 y 8 de Éxodo nos muestran una y otra vez las señales milagrosas y el gran poder de Dios, no obstante, Faraón endurecía cada vez más su corazón, de tal manera que no lograba escuchar el mensaje de Dios a través de Moisés y de todas y cada una de las circunstancias.  Sin embargo, Dios quiere que tengamos un corazón sensible, muy contrario al de Faraón.

Dios no quiere que endurezcamos nuestros corazones, porque Él quiere hablarnos y para que podamos escuchar Su voz necesitamos un corazón sensible. Un corazón endurecido no puede escuchar la voz de Dios y obedecerla. Si queremos y anhelamos escuchar Su voz, debemos orar por un corazón puro y sensible, solo así podremos ser transformados y restaurados.  ¿Qué endurece nuestro corazón? La queja, la murmuración, la falta de perdón, la falta de agradecimiento, es decir, el pecado. Es por esto que necesitamos detectar cualquier pecado en nuestro ser y pedir perdón a Dios prontamente, antes que afecte nuestra relación con Él y comience a endurecerse nuestro corazón. Un corazón endurecido es orgulloso y rebelde, pero un corazón sensible buscará hacer la voluntad de Dios y agradarlo, no agradarse a sí mismo. Pongámonos a cuentas con Dios en todo tiempo y seamos sensibles a lo que Él quiere de nosotros.

Oración

Amado Dios, examina mi corazón y muéstrame cualquier pecado oculto o cualquier acción hecha en ignorancia pues quiero confesarlo para que nada, absolutamente nada me aparte de Ti. Papito, quiero un corazón sensible para escuchar Tu voz, para obedecerla y agradarte, en el poderoso y maravilloso Nombre de Jesús, ¡amén!

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