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Conociendo y venciendo los fuegos del enemigo #2

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“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios escogida y preciosa.” 1 pedro 2:4

Durante la prédica online del pasado domingo, 20 de diciembre, el apóstol Fernando Ortiz habló de la importancia de estar cada vez más pegados a la roca, que es Cristo, y de aprender a conocer los fuegos que vienen de parte del enemigo para poder vencerlos.

Tomando como referencia el capítulo 11 del libro de Génesis, explicó que cuando se estaba construyendo la torre de Babel los edificadores escogieron el ladrillo en lugar de la piedra y que eso mismo está ocurriendo hoy: el hombre está haciendo mezclas y usando asfalto, es decir que, en sentido figurado, el hombre ha cambiado y ha quitado el evangelio de la piedra, de la verdad.

Citó, además, que la primera tentación que Satanás le hizo a Jesús fue la de retarlo a convertir una piedra en pan para probar que en verdad era Hijo de Dios. Su intención no es otra que la de quitar el fundamento y que, lamentablemente, hoy muchos suelen caer en el engaño de buscar el evangelio del pan y no de la piedra, es decir, el evangelio bien cimentado.

Se hace necesario entender que quienes desechan la Piedra al no creer en la verdad del evangelio de Cristo tropiezan con ella misma, tal como se puede leer en 1 Pedro 2:6 “Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado.”

Haciendo una reflexión sobre seguir el evangelio de la piedra y no solo del pan, se recuerda que en Salmos 50:12 las Escrituras registran estas palabras: “Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud.” Esto significa que nadie puede ofrecernos cosas más grandes o más valiosas que las que Dios nos puede dar.

Él no necesita de nosotros, sin embargo, y como lo afirma este salmo en los versículos siguientes, el Señor nos pide sacrificio de alabanza y pagarle los votos que le hagamos a Él. Es a través de la alabanza que Él se mueve en medio de su pueblo, por tanto, la alabanza debe agradarle a Él y no a los hombres.

Advirtió, asimismo, que el espíritu de babilonia se está moviendo más que nunca. “Unámonos, dicen algunos, porque todos somos uno, sin embargo, quitaron la piedra, el fundamento, que es Cristo y buscan hacerse un nombre, como en Babel, pero que solo al nombre de Cristo hemos de dar gloria.

Culminó enfatizando en la importancia de conocer lo que viene de Dios y lo que no, citando un acontecimiento que se describe en Levítico 10:1, en el cual hubo fuego extraño o, más bien, algo que no estaba ordenado por Dios, sino fuera de su voluntad:

“Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó.”