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Conociendo los colores de la gracia de Dios en nosotros #2

PRÉDICAS

Levántate, el tiempo de la canción ha llegado. Ya pasó el invierno. Levántate, ahora es el tiempo de levantarse; pero para conocer y entender los colores de la Gracia de Dios. La cita que nos sirvió, es lo que el Señor le dice a Pedro:

Juan 13:7 “Respondió Jesús y le dijo: Lo que Yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.” 

Quiere decir que hay cosas que Dios está haciendo ahora que no las comprendemos, porque no tenemos la madurez suficiente o no hemos visto que detrás de todo eso hay un plan perfecto de Dios.

De aquí sale: Los colores de la Gracia de Dios en nosotros. La Gracia, así como un diamante, tiene muchas caras pulidas; tiene facetas que nos iluminan y tenemos que conocerlas porque el que conoce la Gracia de Dios y la entiende, no va a tener jactancia, orgullo, sino mansedumbre y humildad; porque va a decir por la Gracia de Dios soy lo que soy, por la Gracia de Dios voy a ser lo que Dios diseñó que yo sea.

La Gracia nos ilumina. ¿Desde cuando nos ilumina esa Gracia?

2 Timoteo 1:9 “Quien nos salvó y llamó con llamamiento Santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito Suyo y la Gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”

Él nos llamó para ser santos como Él es Santo. No tiene que ver lo que hayamos hecho en la tierra, sino con el propósito que Dios tiene con nosotros. La Gracia existía antes de nuestra existencia terrenal, y nos cuesta entender que nuestro cuerpo físico y nuestra alma tienen una edad, pero nuestro espíritu tiene otra. Dios es el Padre de todos los espíritus. Desde allá venía una Gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos eternos.

¿Y para qué nos sirve saber que veníamos con una Gracia? Al nacer perdimos todo porque en Adán todos pecamos, en Adán todos morimos; pero cuando conocimos a Cristo volvimos a Su propósito. Entonces, aquella Gracia comienza a activarse por medio de la obediencia y reconocimiento de Su Palabra y aquella bendición que nos fue dada en Cristo Jesús en los lugares celestiales; porque también dice el apóstol Pablo: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo (Efesios 1:3).

 

No se puede maldecir lo que Dios ha bendecido. Hemos sido bendecidos en lugares celestiales en Cristo Jesús. Hay una Gracia que nos fue dada allá, y esa Gracia y esa bendición rompen toda maldición. 

Cuando tú vienes bajo esa Gracia sabes que se va a activar. Por ejemplo, Rebeca, era una joven virgen, una doncella hermosa que iba a casarse con Isaac. Cuando sus hermanos la bendicen al momento de irse, le dicen: Se madre de millares y que los hijos que tengan, tu descendencia, posea las puertas de tus enemigos. Hay bendición que ya está en ti, pero cuando llega el momento favorable Dios te ubica, esa bendición se activa. 

Jeremías 1:5 “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.”

Quiere decir que aquella bendición que ya venía desde allá, Dios la dio antes de que estuviera en el vientre de su madre. Hay bendiciones que están ahí, se tienen que activar, bendiciones que nos dieron y que no sabemos.

Gálatas 1:15 “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por Su Gracia.”

A Jeremías lo llamó antes, a Pablo lo llamó desde que estaba en el vientre de su madre. Hay una Gracia que nos fue dada antes, pero hay una Gracia que nos fue dada cuando estábamos en el vientre de nuestra madre. 

Hay una Gracia que te cuidó de lo que sea en el vientre, no sólo líquido amniótico te rodeó; te rodeó la Gracia de Dios desde que estabas en el vientre de tu madre. Puede ser que no lo sepas, pero Dios te cuidó porque tiene un plan contigo. 

La Gracia que toma el material que todos rechazaríamos (1 Corintios 1:27-28)

El material que Dios escoge para evidenciar que es por Gracia que lo toma:

  • Lo necio del mundo
  • Lo débil del mundo
  • Lo vil del mundo
  • Lo menospreciado
  • Lo que no es, para avergonzar lo que se dice que es.

Dios toma cinco cosas, porque es la mano de Dios que toma lo que no sirve para hacerlo que sirva, lo que no vale para darle valor. Debemos entender que estamos aquí no porque seamos buenos o inteligentes, esto no es por inteligencia, es por Gracia.

La Gracia que convierte el material rechazado en Su instrumento

Aquello que todos rechazan y Dios lo toma y lo vuelve un instrumento. Aquel que perseguía cristianos fue escogido para ser un instrumento. Por eso Ananías no quería oír predicar a Pablo, lo tuvo que parar Dios: Ananías ve con Saulo de Tarso porque instrumento útil me es éste. A veces nos cuesta entender que gente que hizo cosas es instrumento de Dios; pues téngalo por seguro, que la Gracia es que toma lo vil y menospreciado y lo hace instrumento de Dios.

La Gracia que nos permite perdonarnos, y no admite acusación del enemigo

Detrás de estas enseñanzas, hay no sólo un concepto bíblico sino la realidad que uno ha visto en el transcurso de la vida.

¿Alguna vez hemos hecho algo que entendemos que no está bien? No estoy hablando de pecado, sino por ejemplo: Imagínate que se te subió el apellido, dijiste algo y después te arrepientes. A veces decimos algo y después nos preguntamos por qué lo dijimos. Hacemos algo y nos preguntamos por qué lo hicimos. Muchas veces el diablo lo que hace es acusar.  

Una de las tretas del enemigo es: Hazlo, nadie te está viendo. Aprovéchate ahora, nadie te mira y si la persona lo hace, el enemigo se encarga de publicarlo en redes sociales. El diablo empieza: ¿Y no que cristiano? ¿y no que hijo de Dios? ¿y no que dices que le sirves? ¿y no que lees la Biblia y mira lo que hiciste?

Dice la Palabra: “El acusador que los acusaba de día y de noche ha sido vencido con la Sangre del Cordero (Apocalipsis 12:10-11). El acusador comienza a acusarte de lo presente o de tu pasado: ¿Acaso no te acuerdas de lo que hacías antes de conocer a Cristo? Pueden llegar dardos de acusación. 

El enemigo muchas veces nos acusa de algo que es mentira, pero ¿y cuando nos acusó de algo que es cierto? porque Saulo de Tarso cuando no conocía a Cristo, era un perseguidor de cristianos, y a donde llegaba asolaba los lugares, agarraba las personas y los obligaba a blasfemar. 

Saulo de Tarso era una especie de criminal que perseguía cristianos y los llevaba para matarlos. Entonces cuando se convierte a Cristo, el diablo le recordaba: ¿y no te acuerdas que tú perseguias cristianos? ¿y te acuerdas cuando estaban apedreando a Esteban, dando tu consentimiento, diciendo que le tiren más piedras? y la unción de las ropas le cayó a él.

¿Tenía razones el diablo para acusarlo? ¿era falso de lo que lo acusaba? No, hay cosas que pudimos haber hecho, pero hay una Gracia para perdonarse. No importa lo que hayamos hecho antes de conocer a Cristo. Estando en Cristo, el Señor echa en lo profundo del mar todos los pecados y si Él no se acuerda, nosotros no tenemos que acordarnos.

Una de las cosas que más mira uno como pastor y consejero de familia, es la culpa; la cual implica castigo. Si cuando eras un niño hiciste algo te decían, tienes la culpa; la culpa implica un castigo y antes los castigos no eran de palabritas, pero a ese castigo viene la condenación: Es que tú vas a ser siempre un rebelde. Lo estás condenando a ser un rebelde. Culpa, castigo y condenación. Lo bueno es que Cristo llevó nuestra culpa y por sus llagas fuimos nosotros curados y ninguna condenación hay para los que estamos en Cristo Jesús.

Pablo tuvo que entender esta faceta de la Gracia, este color de la Gracia. 

1 Timoteo 1:12 “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el Ministerio”

¿Hubiéramos puesto a Pablo en el Ministerio?

La semana pasada hablaba de un hombre judío, que fue el que persiguió y fue prácticamente el autor de los campos de concentración, y por fin lo atraparon en 1960; porque él había huído. Detrás de ese hombre hay millones de judíos que fueron asesinados.  Imagínense que se arrepiente y ponerlo a él de instrumento y a predicarle a los judíos. Dios actúa fuera, esa es la Gracia. A veces juzgamos un vaso, ¿Y cómo Dios puede hablar por esa persona? Dios puede hablar hasta por una burrita. La Gracia de Dios no se puede medir con nuestra mente, y a veces somos muy duros y tenemos algo que se llama prejuicio.

1 Timoteo 1:13 “Habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; más fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad.”

Esos títulos no son cualquier cosa: blasfemo, perseguidor e injuriador. La Gracia es también reconocer lo que uno era, porque estamos en el mundo del maquillaje, de la pantalla, de la imagen, pero usted nota que la Biblia es tan clara que hace ver que a unas personas le muestra su pecado. ¿Cuántos hemos oído que David era el dulce cantor de Israel? Sin embargo, del dulce cantor de Israel quedó escrito en la Biblia que él se levantó, no fue a la guerra y se puso a ver a Betsabé; y ya sabemos lo que pasó. La Biblia es un libro que no oculta. 

Hay gente que es sincera, pero sinceramente equivocada. Hay gente que hizo muchas cosas en ignorancia. Hay mucha gente que lo hizo en incredulidad y Dios nos recibió a misericordia. Vamos a ver esas tres palabritas.

Blasfemar: Significa maldecir, vituperar a algo o alguien que se considera sagrado o de respeto. Pablo a quien blasfemaba, a quien vituperaba era a Jesús, al Hijo de Dios. Por eso el Señor le dice: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Saulo perseguía al Señor, él maldecía a Jesús. Dice: Yo fui un blasfemo, lo reconoce. En la Biblia habla que tiene que haber un reconocimiento de lo que uno era, y de la Gracia de Dios en nosotros.

Perseguidor: Que persigue al que se escapa, llegando a convertirse en obsesión y odio. Para Saulo de Tarso era una obsesión, tanto así que dice en una de las versiones: Y era tan obsesionado que los perseguía en los lugares y aún en las ciudades de afuera. Saulo de Tarso era un perseguidor obsesionado con tal de destruir, de matar.

Injuriar: Ultrajar, ofender gravemente de palabra u obra, dañar, menoscabar.  Cuando Saulo los obligaba a blasfemar de su fe, los ponía, los dañaba, los ultrajaba, los ofendía.

¿Hubiéramos escogido una persona así para perdonarla y hacerla instrumento? Esa es la Gracia de Dios. Porque ahora entiendo por qué me escogiste, porque no es por obra. No es por lo que hayamos hecho, es por lo que Él hizo en la cruz del Calvario. Él dijo consumado es, todo está pagado. 

1 Timoteo 1:14 “Pero la Gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús.”

Las tres cosas anteriores y otras que Pablo tenía, todo esto era feo, horrible, pero por mucho peso que tengamos de pecado, la Gracia es mayor. No importa que tan grande haya sido nuestro pecado, más grande es el Amor, la Misericordia y la Gracia del Señor. 

En este momento Dios va a comenzar a hacer portentos y maravillas entre nosotros. Dios va a comenzar a utilizar a muchos en sanidades, que se van a asombrar, en palabras proféticas. Lo que viene ahora es un mover de Dios sin precedente, no para todos; sino para los que creen.  Pero podemos caer en la trampa. Saulo de Tarso dice que fue arrebatado al tercer cielo, le mostraron cosas, pero también le pusieron un aguijón en la carne para que la grandeza de las revelaciones no le exaltaran. Somos humanos, tengamos cuidado; pero Pablo habló tanto de la Gracia, porque la Gracia no nos permite exaltarnos, ni orgullo ni autosuficiencia.

Cuando hay Gracia tienes fe. Job al final venció por su fe en Cristo, porque al principio él creía que tenía todo, pero el proceso fue para llevarlo a reconocer que no tenía nada, pero yo sé que mi Redentor vive. ¿No has visto a mi siervo Job? varón justo y temeroso, apartado del mal, en el que no hay engaño. Dios tenía fe en Job. Job venció con la fe que tenía Dios en él, y eso es Gracia. Dios sabe lo que vamos a ser no por lo que nosotros tenemos, sino por lo que Él ha puesto en nosotros, a Jesucristo.

1 Timoteo 1:15 “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.”

El perseguidor número uno de la iglesia de aquel entonces. El Atila que a donde él llegaba no crecía la hierba cristiana, que mataba, desolaba las iglesias, entendió que la relación personal con Dios nos hace quitarnos las hojitas de higuera, la religiosidad, para que Dios nos vista de piel de Cordero. Él reconocía que era un pecador y que era el primero. 

1 Timoteo 1:16 “Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en Él para vida eterna.” 

En otras palabras, la gente decía: Si perdonó a Pablo, si lo utilizó como un tremendo instrumento; si lo hizo con él, lo puede hacer con nosotros. Pero en otro contexto, Dios actúa al revés de como nosotros pensamos. Por ejemplo, si a un líder como Pablo lo metían preso, entonces el resto de los cristianos diríamos ahora que hay persecución la gente no va a querer predicar; y viene Pablo y dice: Ahora que estoy preso ha redundado para bien en el Evangelio; ahora es que toda la gente se pone a predicar a Cristo. 

Pensamos que la persecución detiene el crecimiento de la Iglesia. El enemigo ha querido perseguir a la iglesia siempre, pero mientras más la persigue más crece. De eso siempre ha habido y habrá. El enemigo siempre se ha levantado, pero nuestro Dios ya fue levantado en alto y está la diestra del Padre intercediendo por nosotros.

1 Timoteo 1:17 “Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

¿Para qué conocer la Gracia? porque con la Gracia entendemos que Él es el Rey de los siglos, que ha gobernado siempre y gobernará. Que Él es inmortal, que Él venció la muerte. La Gracia me hace ver que aunque Él es invisible, que aunque no lo vea, Él está. La Gracia me hace darle el honor, reconocerlo como Dios, darle la Gloria y vamos a seguir dándole Gloria por los siglos de los siglos.

Tener la Gracia para predicarle a la gente que nos hizo daño.

Regresemos dos mil años atrás, y nos dicen que el domingo va a predicar Saulo de Tarso, Pablo, que nos va a traer un poderoso mensaje de la Gracia. Entonces de repente dices: Saulo, ¿el que una vez llegó y desoló la iglesia donde yo estaba, la devastó, se llevó mi abuelita, mi hermano, mi primo, a mi sobrino presos y los mataron? ¿Cómo hubiéramos recibido el mensaje de Pablo, de un perseguidor, de alguien que te hizo daño a ti y a tu familia?.

La Gracia que hace que a los que les hicimos daño nos perdonen 

Hechos 9:26 “Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo.”

La gente no creía. Decían: Este es infiltrado, este viene a ver donde estamos reuniéndonos, este nos va a perseguir. 

Hechos 9:27 “Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús.”

Nadie lo quería recibir, pero un hombre llamado Bernabé vio la realidad de la Gracia de Dios y él dijo: Yo me pongo de aval, yo lo traigo, no le tengan miedo. Ese hombre testificó en Damasco, yo doy todo lo que tengo, mi prestigio, sirvo de aval a este hombre. Bernabé quiere decir, “hijo de consolación”.  Saulo, que llegó a ser Pablo, fue un ministro de revelación, pero Bernabé fue un ministro de restauración. Se necesita la revelación, pero también se necesita un ministerio de consolación. Pablo no hubiera podido entrar a la cristiandad si no hubiera tenido un Bernabé.

Hechos 4:36-37 “Entonces José, a quién los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, hijo de consolación), levita, natural de Chipre, como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.”

José quiere decir Dios añade, de Dios abunda. Pero le cambiaron el nombre. Al único discípulo que los apóstoles (Jesús fue que cambió de Simón a Pedro) le cambiaron el nombre fue a José y le pusieron Bernabé.

En la iglesia del principio él se despojó de sus bienes para que la iglesia pudiera predicar.

 

Hechos 13:1 “Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo.”

¿Por qué le cambiaron el nombre? ¿qué habrán visto en este hombre? Tenía una Gracia para consolar, porque con la consolación que han sido consolados de parte de Dios pueden consolar a otros. 

Antes de ser Pablo y Bernabé apóstoles, eran profetas o maestros. ¿Quién salió bendecido Pablo con Bernabé o Bernabé con Pablo? Los dos, porque Saulo no hubiera podido entrar si no hubiera tenido un Bernabé que lo consoló, lo ayudó, porque todos lo rechazaban. 

¿Qué sentiría Pablo que los primeros que lo rechazaron fueron los judíos? porque no se podía juntar con los judíos porque decían: Te volviste traidor, ahora prédicas a Cristo y andas con los cristianos. Se quería juntar con los cristianos, pero le tenían miedo. Nadie lo quería, todos lo odiaban por lo que había hecho; entonces necesitaba consolación.

Hechos 13:2 “Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.”

Y puso primero a Bernabé y ¿para qué obra los llamó? El Espíritu Santo fue el que habló.

 

Hechos 13:3 “Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.”

Hechos 14:14 “Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces.”

Hubo un Apóstol del Padre, Jesús. Hebreos dice que Cristo como apóstol del Padre. Hubo doce del Cordero, los primeros doce apóstoles y hubo un traidor que lo sustituyeron por Matías. Esos son los doce del Cordero y luego vienen los apóstoles llamados por el Espíritu Santo: Apóstol número trece, Bernabé; número catorce, Pablo. Después están Junias, Andrónico, Timoteo. Esos son los Apóstoles del Espíritu Santo. 

Ahora se niega ese ministerio porque lo han desacreditado, porque no se entiende que el ministerio apostólico no es para estar arriba, sino para estar abajo. Hemos venido a ser escoria para el mundo, para servir, pero lo hicieron una caricatura. Es un ministerio genuino. Son cinco ministerios hasta que todos alcancemos la estatura de la plenitud de Cristo. Están vigentes, pero no a la maldad humana, sino a lo que la Biblia enseña.

Hechos 11:22 “Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía.”

Los griegos comenzaron a convertirse y como Bernabé era de Chipre, hablaba griego y por eso lo enviaron a él.

Hechos 11:23 “Este, cuando llegó, y vio la Gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor.”

Estaba viendo la Gracia de Dios que se estaba convirtiendo gente griega y el griego es de mucho razonamiento. 

Hechos 11:24 “Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor.”

Bernabé no era cualquiera. Pablo tuvo una Gracia de parte de Dios para que la gente a la que le había hecho daño lo perdonara, pero también tuvo una Gracia para pararse y decir: Yo hice esto, pero lo hice en ignorancia y lo que estaba haciendo era pidiendo perdón. Hay una Gracia para perdonar y hay una Gracia para que te perdonen.

Si hiciste algo, hay una Gracia que nos perdona lo que hayamos hecho en ignorancia. La Biblia enseña que Él perdona nuestros pecados y nos hacen nueva criatura y no se acuerda más y nos da la Gracia para pedir perdón. Si sientes culpa de algo, Dios te perdona; pero también ve con la persona y pídele perdón por lo que hiciste en ignorancia. El entendido, entenderá. 

Siempre tenemos razones para pedir perdón y para perdonar, pero también una Gracia para perdonarte a ti mismo. Pablo tuvo la Gracia para perdonarse a sí mismo, porque le dijo: Señor, si tú me perdonaste, yo me perdono. Me tuviste por fiel al ponerme en el ministerio, porque alcancé Gracia. Este es tu momento, alcanza Gracia en esto que estás pasando. 

¿A quién tienes que perdonar? ¿A quién tienes que pedir perdón? o perdonarte tú, para que digas: Yo soy el hombre o la mujer que conoce la Misericordia de Dios, el Amor de Dios, el Perdón de Dios y conoce la Gracia de Dios. Que eso te haga humilde y manso. Ante la Gracia de Dios no hay orgullo ni autosuficiencia, porque nosotros no hicimos nada, Él lo hizo todo por nosotros.

Apóstol Fernando Ortiz