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¡CONFÍA EN SU PODER!

DABAR DE DIOS

“… Escudo es a todos los que en él esperan. Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de poder,  Y quien hace perfecto mi camino; Quien hace mis pies como de ciervas,  Y me hace estar firme sobre mis alturas; Quien adiestra mis manos para la batalla, Para entesar con mis brazos el arco de bronce. Me diste asimismo el escudo de tu salvación; Tu diestra me sustentó, Y tu benignidad me ha engrandecido.”

Salmo 18:30-35 (RVR60)

David alaba al Señor luego de darle la victoria sobre sus enemigos, enemigos fuertes y ante los cuales en ocasiones sintió desfallecer; sin embargo, siempre recurría a Dios, pues confiaba en Su poder para vencerlos y para protegerlo. Es por ello, que a través de este salmo David utiliza diferentes símbolos para hablar del poder y la fuerza de Dios. David compara a Dios con un Escudo, con una Roca, un Alto Refugio, Castillo o Fortaleza y nuestro Libertador. David experimentó muchos peligros y al mismo tiempo conoció a Dios en diferentes facetas, bien fuera para defenderlo o para protegerlo. Es el Señor quien nos ciñe de poder y nos adiestra para afrontar las diferentes batallas que enfrentaremos. Recordemos que Dios no prometió quitar las adversidades de nuestro caminar diario, nos prometió fortalecernos y darnos la victoria  si obedecemos Sus estrategias. No importa lo grande que sea la batalla que estemos enfrentando o el enemigo que nos esté oprimiendo, Dios nos dará de Su poder para salir victoriosos, solo es necesario clamar a Él y confiar en Su ayuda oportuna. Si recordamos que Él es quien nos da la fortaleza, nos sustenta y nos engrandece, si permanecemos firmes en Él, veremos cómo Su poder se perfecciona a través de nuestras vidas. ¡Agrademos al Señor y confiemos en Él!

Oración

Señor, saber que me defiendes y proteges me llena de confianza, sé que estás a mi lado, pues cada día Te busco y quiero agradarte. Gracias por fortalecerme en medio de mi debilidad, de mis enemigos, de mis batallas y darme la victoria, en el Nombre de Jesús, ¡amén!

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