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CANTO DE VICTORIA

DABAR DE DIOS

“Y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido. Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra.”

Isaías 12:4-5 (RVR60)

El capítulo 12 de Isaías es corto pero poderoso. Aquí encontramos un canto por la liberación de Sión, algo que sucederá en la Segunda Venida de Cristo, cuando Israel sea final y completamente restaurada, luego de haber sido purificada por los diferentes juicios experimentados y la Gran Tribulación.  Este canto de victoria nos recuerda otros cantos que las Escrituras registran: el cántico de María luego de pasar el Mar Rojo, el cántico de Débora luego de ver la maravillosa victoria de Dios, entre otros. Estos cánticos evidencian y reconocen la Magnificencia de Dios, pues la liberación que lleva a cabo es una obra magnífica, gloriosa.

Hoy día la palabra “liberación” está de moda, escuchamos “liberación femenina, sexual, política, religiosa, etc”. Sin embargo, la mayor obra de liberación la llevó a cabo Jesús. Él  es nuestro Libertador, Él tiene todo el poder, es magnífico y por ello pudo hacer esa obra grandiosa en la cruz, donde nos liberó de lo más terrible, el poder del pecado. Experimentar esta libertad solo debe llevarnos a cantar ese himno de victoria, dar a conocer esta poderosa obra en nuestras vidas para que otros quieran también esta libertad que sólo Jesús puede dar. Si ya has experimentado esta bendición, no te quedes callado, cuéntale a las personas lo que Jesús ha hecho e invítalos a tener esta magnífica experiencia. Si no lo has hecho aún, solo ora, entra a la Presencia de Dios y dile cuánto deseas experimentar la libertad verdadera, y reconoce que solo Él es Tu Libertador y Tu Salvador. ¡Ahora puedes regocijarte con libertad en Él!

Oración

Mi Amado Señor, hoy canto con gozo y libertad por la victoria que lograste en la Cruz y que por misericordia y gracia me regalaste el día que te confesé como Señor y Salvador, que te reconocí como Hijo de Dios. Gracias mi Jesús por ser mi Libertador y poder ahora celebrar esta victoria gloriosa que me permite pasar una eternidad Contigo, ¡amén!

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