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BENDICIÓN EN LA COMPAÑÍA

DABAR DE DIOS

“Más valen dos que uno, pues trabajando unidos les va mejor a ambos. Si uno cae, el otro lo levanta… Uno solo puede ser vencido, pero dos se defienden mejor…”

Eclesiastés 4:9-12 (PDT)

Dios nos creó como seres relacionales, y el autor nos ilustra con tres ejemplos las bendiciones provenientes de una vida relacional y los podemos ver en los versículos, del 9 al 12: en el trabajo, si uno cae y si uno es atacado. Adicionalmente, las Escrituras nos enseñan que debemos apoyarnos, orar los unos por los otros, llevar las cargas los unos de los otros, ayudar, servir, consolar, crecer, en una sola palabra, amar. Definitivamente la compañía, la amistad, las relaciones de pareja, la familia trae grandes bendiciones a nuestras vidas. Aun cuando podemos experimentar por momentos diferencias y conflictos en nuestras relaciones, es a través de ellas que Dios trabaja en nosotros el egoísmo y el orgullo fruto del pecado, pues ellas son herramientas valiosas en manos del Señor para ir limando nuestras imperfecciones y desarrollar la solidaridad, de tal manera que pensemos en los demás y podamos ser empáticos con ellos. Pero no solo eso, también nos ayudan a desarrollar y fortalecer dones y talentos que Dios ha puesto en nosotros para lograr metas que Él tiene para nuestras vidas, que de otra manera no alcanzaríamos. Sin embargo, la relación más importante es la que podemos tener con Dios, por esto es bueno que reflexionemos sobre cómo estamos en nuestra relación con el Señor. Él nos acompaña, nos defiende, nos guía, nos consuela, está presto para escucharnos cuando deseemos abrir nuestra alma a Él y rendirnos. Él tiene siempre los mejores planes para cada uno. Necesitamos cultivar estas relaciones, primero con Dios y luego con los demás, para disfrutar de las bendiciones que ellas traen y que nosotros podamos ser.

Oración

Señor, en este día te doy gracias por rodearme de tantas personas hermosas en cada lugar donde me has puesto, mi trabajo, mis estudios, mi familia, mis hermanos en Ti, en fin, me has regalado en cada uno de ellos muchas bendiciones, gracias a ellos he crecido y aprendido a dar y a recibir, hoy te pido que seas propicio a cada una de sus necesidades, en el Nombre de Jesús, ¡amén!

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