“Padre de huérfanos y defensor de viudas Es Dios en su santa morada. Dios hace habitar en familia a los desamparados…”
Salmo 68:5-6 (RV60)

El Salmista nos habla de dos momentos donde pudiéramos experimentar mucho dolor y soledad, por la ausencia de dos figuras en nuestra vida familiar, un padre o un esposo. Sin embargo, nos consuela, pues Dios mismo se muestra como Padre y Esposo Divino. Dios es nuestro Padre Celestial y se mostró como tal, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Como Padre nos cuida, defiende, protege y sustenta. Dios es misericordioso y extiende Su misericordia a los más necesitados. Dios como Padre no nos abandona, por el contrario, está atento a nuestro bienestar y cuando es necesario nos disciplina. Como Padre, no siempre nos dará todo lo que queramos, pero si aquello que sabe será beneficioso para nuestra vida. Puede que en lo natural en algún momento hayamos experimentado soledad, tal como pueden llegar a sentirse los huérfanos, viudas y desamparados, pero cuando reconocemos a Jesús como Hijo de Dios, Dios nos adopta como hijos, somos incorporados a Su familia y ya no estaremos más solos, pues Él estará a nuestro lado siempre. Algo importante de destacar, es que como Padre Amado, Dios nos disciplina, pues quienes no reciben Su trato, dice la Palabra que no son hijos legítimos. Dios no pasará por alto el pecado, pues nos ama. Si estamos pecando y no recibimos la consecuencia de Dios por ello, debemos preocuparnos. Recibamos de Nuestro Padre Amado su provisión, pero también Su corrección amorosa para apartarnos del mal.

Oración

Amado Padre, gracias por Tu gran amor, misericordia, provisión, cuidado amoroso, corrección y disciplina, pues sé que a su tiempo dará fruto de justicia en mi vida. Tu disciplina es un lenguaje de amor y cuidado hacia mi vida. ¡Abba Padre, Te alabo, Te adoro… amén!